Chi, Prana o Shakti son algunos de los términos utilizados por tradiciones espirituales como el hinduismo o el taoísmo para denominar la energía vital o energía cósmica que dinamiza el universo y por supuesto a las criaturas de este reino planetario.

Los antiguos filósofos chinos definieron el Qi como «una energía que se manifiesta tanto mental y espiritualmente como físicamente. Un flujo constante, su ciclo material-inmaterial cambia constantemente. Qi debe verse como un elemento «sutil, activo y vibrante» que circula en todas las cosas, dándole vida y movimiento. No se puede tocar ni medir, es inmaterial, pero a la vez vital para la vida.

Los seres, las emociones y los pensamientos, y el mundo invisible que nos rodea, son manifestaciones de esta energía. Para la tradición yóguica, el prana es la energía cósmica, el principio de la vida, que adopta diversas formas y hace posible la luz, el calor y todas las formas de existencia en la tierra.

Yoga y energía vital

Se encuentra en animales, vegetales e incluso minerales y, por supuesto, en los alimentos y el aire que respiramos.

En los humanos, permite todas las actividades orgánicas y espirituales y se puede dividir en cuatro tipos:

Prana, ubicado en el área del corazón y controla la respiración

Apana, ubicado en el ombligo y controla la digestión

Udana, ubicado en la garganta y controla la deglución y la vocalización

Vyana se encuentra en todo el cuerpo y controla la distribución de Prana.

Tal y como se explica en el artículo de la Fundación Indra-Devi “Prana, la energía que nos da el universo”, los Rishis o santos de la tradición védica afirman que el Prana se puede almacenar y acumular en el sistema nervioso, más concretamente en el plexo solar o el ombligo. Para ellos, a través del yoga la corriente de prana puede canalizarse a voluntad a través de la mente.

Es decir, la práctica del yoga proporciona un acceso consciente y voluntario a la fuente de la vida. A través de las técnicas del yoga se aprende a gestionar y equilibrar esta energía vital. Su equilibrio es sinónimo de salud, y su desequilibrio trae enfermedad.

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