Durante la meditación

Cada pensamiento es un maestro. Nos enseña que nuestra mente es ingobernable, y que ni es de confianza ni segura. Tiene pensamientos que no queremos tener, precisamente cuando mas tranquilas y sosegadas deberíamos estar.

Lo primero que podemos aprender de nuestra mente es que no es esa maravillosa parte nuestra que habíamos imaginado. Es una mente ingobernable e informal que no hace lo que queremos que haga.

No hemos de confiar en nuestra mente. No hemos de creer todos esos pensamientos que se presentan. Han venido sin nuestra invitación, y se irán de nuevo por sí mismos. No tienen ningún objeto, al menos durante la meditación. Algunos deben tener por lo menos veinte años. Otros pueden ser pura fantasía. Unos pueden ser desagradables y otros pueden ser sueños. Algunos pueden ser espejismos que ni tan siquiera se presentan debidamente. Todos ellos llegan tan rápido que es muy difícil etiquetarlos. Así que, ¿por qué creer en todo lo que normalmente pensamos?

Durante la meditación tenemos la oportunidad de llegar a conocer la mente – el proceso de pensamiento que se está produciendo- y de aprender a no involucrarnos en él. ¿Por qué hemos de creer e involucrarnos en todo ese pensar que ocurre en nuestra vida diaria? Creemos a la mente cuando dice: «Ese hombre es horrible» o «Esa mujer es una embustera». Creemos cuando la mente dice: «Estoy frustrada» «Estoy aburrida» o «Tengo que conseguir otra cosa» o «Tengo que ir a aquel sitio». Creemos en todo eso, pero, ¿por qué lo hacemos? Exactamente el mismo proceso ocurre en la meditación. El pensamiento surge, permanece un instante y cesa de nuevo sin ritmo ni razón.

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La primera vez que asimilamos esto, es cuando realmente somos capaces de cambiar el pensamiento que tenemos en la mente por otro que desearíamos tener. Esto puede hacerse cuando ya no creemos en lo que la mente dice, sino que observamos su proceso de pensamiento. Ocurre lo mismo con el aire a nuestro alrededor. No lo agarramos y decimos es mío, sin embargo, si no estuviera ahí, no podríamos vivir. Solo está ahí. Los pensamientos también. El proceso de pensamiento es natural para la mente y sigue produciéndose continuamente porque estamos vivas, pero no es creíble ni de fiar. Sería mejor olvidar la mayor parte de los pensamientos que tenemos.

Hay algo mas que podemos aprender sobre nuestra mente. Cuando nos sentamos a meditar y no nos concentramos, sino que seguimos pensando, cuando estamos soñolientas o distraídas podemos aprender de ello que si la mente no tiene alguna distracción, nos dormimos. La mente quiere distraerse. Quiere leer un libro, ver la televisión, visitar a un amiga, hacer algún trabajo, lo que sea para estar ocupada y entretenida. No puede estar contenta y feliz a solas.

Imagina que estás sola en una habitación vacía durante una semana. La gente considera eso un castigo terrible – y lo es -, porque la mente no puede soportarlo. Quiere ser alimentada continuamente. Así como el cuerpo quiere ser alimentado, la mente también. Necesita aportación porque no contiene nada dentro de sí misma.

Los pensamientos son muy impermanentes. Aparecen y se van. No permanecen, como la respiración. Si prestáis mucha atención, podéis notar como se originan. Lo que notaréis con total seguridad es como se desvanecen. Eso es fácil de ver; su aparición es mas difícil. Pero no podéis conservar todos esos pensamientos, ¿verdad? Se han ido, ¿no es así? Todos los pensamientos que has tenido durante la última hora, todos, han desaparecido. ¿O no?

Tú no quieres realmente poseer todos esos pensamientos, ¿no es así?. En realidad no valen la pena. Difícilmente aparece uno digno de consideración. Entonces, ¿por qué tratar de poseerlos? ¿Por qué pensar que esto soy yo? ¿Por qué no ver que son sólo apariciones y desapariciones naturales?

La insatisfacción que nos produce nuestro proceso de pensar se hace muy patente durante la meditación, debido a que queremos concentrarnos y, sin embargo, estamos aquí sentadas y pensando. A través del proceso de meditación tratamos de conseguir una atención especial que nos haga mirar detenidamente y ver la insatisfacción del proceso de pensamiento como su cualidad esencial.

Todas nosotras podemos experimentar la realidad – el modo como son realmente las cosas – si extendemos nuestra percepción hasta el punto desde donde podemos verla. Experimentamos exactamente aquello sobre lo que habló el Buda, pero hemos de captar su significado. No sirve de nada estar sentadas pensando: «Quisiera no pensar» o «quisiera concentrarme» o «quisiera que no fuera tan difícil» o «quisiera que la pierna derecha no me doliese tanto». Son sueños. Son deseos. No podemos permitirnos soñar o desear si queremos llegar al fondo de lo que nos aflige.

Extraído de «Siendo nadie, yendo a ninguna parte» – Ayya Khema

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